La expansión crediticia, la mejora en los precios relativos y el renovado acceso al auto impulsa un repunte histórico en patentamientos, tanto de 0 km como usados, en un panorama donde la producción local aún batalla con los desafíos estructurales.
En lo que va de 2025, el mercado automotor argentino ha experimentado un crecimiento exponencial: ya se registraron 388.612 patentamientos de vehículos, un aumento cercano al 72 % respecto al mismo período de 2024, y superior al 39 % frente a 2023. Si bien aún está lejos de los volúmenes récord alcanzados entre 2011 y 2018, representa el mejor desempeño de los últimos años y marca un cambio de tendencia en un sector históricamente sensible a la macroeconomía. A comienzos de año, las proyecciones hablaban de unas 600.000 ventas de autos 0 km; hoy, las cifras se elevan hacia un rango de entre 600.000 y 700.000 unidades, gracias a mayor oferta, estabilidad y acceso al crédito.
Algunos informes hablan incluso de 700.000 ventas posibles al cierre de año, lo que implicaría un incremento cercano al 70 % respecto de 2024 y un nivel que no se veía desde 2017. En julio se patentaron 62.123 vehículos, lo que representó una suba del 44 % interanual y un crecimiento del 17,8 % frente a junio, consolidando un semestre de expansión. El mercado de usados acompaña la tendencia con fuerza: entre enero y mayo se vendieron 775.213 unidades, un incremento del 26 % interanual, y solo en mayo se transfirieron 154.830 autos, cifras comparables con los mejores momentos de 2018. En el primer trimestre de 2025, los patentamientos crecieron 90,2 % interanual, con más de 161.000 unidades registradas, y marzo fue el mejor mes desde 2018. La asociación de concesionarias (Acara) destaca el rol de una macroeconomía más estable, con desinflación, financiamiento creciente y promociones como créditos a tasa cero ofrecidos por terminales, algo que en años previos parecía imposible.
La explicación de este boom se encuentra en varios factores que confluyen. El primero es la expansión crediticia. Desde marzo de 2024 el crédito al sector privado aumentó 145,8 % real; en el segmento de motos y autos el salto fue del 203,5 %, y los préstamos prendarios para vehículos subieron 166 %. En julio de 2025, el stock de créditos prendarios equivalía a 133.484 autos, lo que representó un 260 % más que en abril de 2024 y casi el doble que en noviembre de 2023. La recuperación de los préstamos permitió a miles de familias volver a considerar la compra de un 0 km o un usado financiado, aunque persisten los desafíos de tasas todavía altas y salarios que no logran recomponer plenamente el poder adquisitivo. El segundo factor es la mejora en los precios relativos. La apreciación del tipo de cambio en 2024 y la flexibilización de restricciones a las importaciones corrigieron los valores del sector. En marzo de 2024, los autos estaban un 19 % más baratos en términos relativos frente al promedio de la economía, y un 4,7 % más accesibles que en noviembre de 2023. A ello se sumó la eliminación de impuestos internos del 20 % para autos de gama media y la reducción del 35 % al 18 % en los de alta gama. El gobierno también avanzó en medidas específicas para autos eléctricos e híbridos, eximiendo de aranceles hasta 50.000 unidades de bajo costo por año y reduciendo cargas impositivas para fomentar su adopción. Todo esto se enmarca en una política de desinflación por mayor oferta: en lugar de enfriar la demanda a cualquier costo, se buscó abaratar segmentos clave del consumo durable, entre ellos el automotor.
Un tercer factor clave es la recuperación parcial de la relación precio/salario. En enero de 2025, el precio promedio de un vehículo representaba 19,1 sueldos registrados, lo que significaba un 28,3 % más de accesibilidad que en marzo de 2024 y un 5 % más que en noviembre de 2023. Esa relación es la mejor desde agosto de 2020, aunque todavía está lejos del promedio de 11,9 salarios que se registraba entre 2012 y 2018, cuando el acceso al auto era mucho más generalizado. Hacia junio de este año, la relación empeoró levemente a 19,4 salarios debido al estancamiento de los sueldos, lo que marca la fragilidad de la recuperación si no hay mejoras consistentes en ingresos reales. El cuarto elemento está vinculado con la oferta. La producción local creció apenas 10,1 % interanual hasta julio, pero sigue 16,6 % por debajo de los niveles de 2023. En junio y julio, incluso, se registraron caídas consecutivas en la producción, con un retroceso interanual del 16,5 % en julio, el peor dato desde 2006 fuera de la crisis del periodo 2019–2021. En contraste, las importaciones mostraron un dinamismo sorprendente: los patentamientos de autos importados crecieron 146 % interanual y ya representan el 69 % de las ventas, llegando al 74 % en junio. Esto contrasta con el 51,7 % de 2024 y el 45,9 % de 2023, y se acerca al 80 % histórico. Las compras a Brasil crecieron 140 %, mientras que las provenientes de China treparon 186 %. El segmento de autopartes siguió la misma lógica: las importaciones desde Tailandia subieron 31 %, desde Japón 24,5 % y desde China un impactante 180 %. El país asiático se consolida así como un actor creciente en el mercado local, con modelos de bajo costo que se vuelven cada vez más competitivos.
Este proceso se da en un contexto donde la industria automotriz sigue siendo una de las más relevantes de la economía argentina: aporta cerca del 3 % del PIB, un 10 % de la producción industrial y un 10 % de las exportaciones totales. Argentina es el tercer mercado en América Latina y el cuarto productor mundial de pickups, con alrededor de 8.000 millones de dólares anuales de ventas externas. En los últimos años, pese a la crisis, se anunciaron inversiones millonarias de grupos como Stellantis, Renault, Toyota y Honda, que ratifican al país como plataforma regional, aunque la productividad continúa siendo un desafío. De hecho, solo Toyota Zárate alcanza un nivel de eficiencia comparable al internacional, mientras que las demás plantas operan muy por debajo de sus capacidades, lo que limita la competitividad exportadora. El panorama plantea, por lo tanto, oportunidades y desafíos. Entre los riesgos inmediatos se encuentran la sostenibilidad del financiamiento en un contexto de tasas todavía elevadas y un empleo con salarios estancados, la caída de la producción local con impacto en la cadena autopartista, la dependencia creciente de importaciones que expone al mercado a shocks cambiarios o restricciones regulatorias, y la débil integración regional que frena el desarrollo de proveedores y plataformas conjuntas dentro del Mercosur.
Sin embargo, el presente ofrece un envión innegable. El mercado automotor argentino transita su mejor momento en años, con autos 0 km y usados en expansión récord, créditos prendarios en ascenso, precios relativos más competitivos y una oferta ampliada por la apertura importadora. Las políticas fiscales y de alivio impositivo también jugaron un papel decisivo. La clave será sostener este dinamismo y transformarlo en un punto de inflexión estructural, y no solo en un ciclo transitorio. Para eso, resultará necesario apuntalar el poder de compra de los salarios, garantizar condiciones de financiamiento más estables y fomentar inversiones en producción local y tecnología, al tiempo que se avanza en una integración regional más profunda. El desafío de fondo sigue siendo convertir el actual boom en una base de largo plazo para una industria que no solo genera empleo y valor agregado, sino que además cumple un papel simbólico central en el sueño de movilidad y progreso de millones de argentinos.