El número dos del equipo de Luis Caputo reafirma la vigencia del régimen y justifica su diseño como ancla clave en la estrategia económica.
Un funcionario del máximo nivel del equipo económico –José Luis Daza, segundo en la línea operativa de Luis Caputo– ratificó con firmeza el compromiso del presidente Javier Milei con el esquema de bandas cambiarias vigentes: “El compromiso de Milei es total”, declaró esta misma jornada, en medio de un clima marcado por el movimiento del dólar y las especulaciones sobre futuras intervenciones del Banco Central.
En un contexto político donde cada palabra del entorno presidencial adquiere peso propio, la confirmación de Daza busca acallar versiones sobre eventuales tensiones internas, especialmente respecto del rumbo económico. “Estamos cómodos con el tipo de cambio”, precisó, una frase que suena a mensaje explícito para los mercados: el equipo económico –encabezado por Caputo– confía en el actual diseño cambiario.
Este régimen fue presentado en abril del corriente año como una de las fases del ambicioso plan de estabilización económica impulsado por el gobierno de Javier Milei tras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se trata de un sistema de libre acceso al dólar para personas físicas y administrado para empresas, que opera con un piso inicial de $1.000 y un techo de $1.400, ambos ajustables en un 1% mensual, con intervenciones del BCRA sólo si el tipo de cambio perfora esos límites.
Este esquema implicó el fin práctico del cepo cambiario vigente desde gobiernos anteriores, al menos para personas humanas, y una apertura parcial para empresas, limitada a utilidades generadas desde los primeros días de 2025. El régimen fue presentado junto a un paquete de flexibilización que implicó también el acceso irrestricto al dólar turista, la eliminación del dólar “blend”, y facilidades para importadores.
La implementación, sin embargo, no estuvo exenta de críticas. Distintos analistas y centros de pensamiento consideraron al sistema de bandas “absurdo” por sus trayectorias divergentes: mientras el piso desciende mes a mes, el techo asciende, ampliando gradualmente la brecha de forma exponencial. Según estimaciones, dicho desfasaje podría alcanzar dimensiones estrambóticas hacia el final del gobierno, con un piso cercano a los $276 y un techo superior a los $5.000, en términos nominales. Este diseño único a nivel global resulta difícil de justificar desde una lógica de confianza cambiaria: los inversores se enfrentarían a un rango de cotización tan amplio que su credibilidad se vería seriamente cuestionada.
Desde el propio Milei y Caputo intentaron minimizar la suba cambiaria reciente –que llegó a los $1.380– atribuyéndola a operaciones especulativas. Además, negaron cualquier conflicto interno, en un tono distendido y afirmando que la relación entre ambos era “hermandad” y “simbiosis”, en un mensaje dirigido a los mercados.
Cabe recordar que el diseño final de estas bandas fue producto de negociaciones internas y con el FMI: mientras el Fondo reclamaba un techo elevado –para evitar una rápida pérdida de reservas–, Milei defendía un piso cercano a los $1.000, por debajo de los $1.096 que tenía el tipo de cambio previo, como demostración de que su visión original era la correcta. Sin embargo, esa idea de comprar al piso nunca se materializó en reservas adicionales.
Otro frente de análisis es el impacto macroeconómico: si bien el régimen busca contener expectativas, el mero alza del dólar dentro del programa puede derivar en una devaluación real significativa, del orden del 30%, con potencial impacto inflacionario. El gobierno, por su parte, sostiene que la recuperación económica, sumada a la mejora en indicadores sociales –como salarios reales al alza y pobreza en baja– lo justifican, mientras anticipa que cualquier turbulencia externa podrá ser enfrentada con más ajustes disciplinados.
Luis Andrés “Toto” Caputo, actual ministro de Economía desde el 10 de diciembre de 2023, volvió al ruedo público con fuerte protagonismo político y económico. Su gestión incluye un ambicioso ajuste fiscal inicial, recorte de ministerios, suspensión de publicidad oficial y reducción de subsidios, junto a una devaluación del peso del 100%, que redujo sustancialmente la brecha cambiaria heredada. Estos esfuerzos permitieron registrar superávits financieros consecutivos, un desempeño inédito desde 2008.
El diseño de bandas para el tipo de cambio fue parte de la tercera etapa del plan económico. Antes, Caputo había impulsado la “emisión cero”, buscando eliminar pasivos remunerados del BCRA que alimentaban el déficit cuasifiscal, trasladándolos al Tesoro para frenar la inflación.
En paralelo, el gobierno logró un nuevo acuerdo con el FMI que contempló el fin de la restricción cambiaria, al menos para personas físicas, y el acceso administrado para empresas, dentro del nuevo régimen, como parte de una apuesta por la “refundación” económica del país.
La declaración de José Luis Daza –“El compromiso de Milei es total”– cumple una función clara en este momento: confirmar, sin ambigüedades, que el esquema de bandas no es un experimento condicionado sino un ancla estructural. En momentos de incertidumbre cambiaria, esa claridad es un salvavidas comunicacional.
Daza también busca transmitir calma frente a rumores de tensión interna o grietas en el equipo económico. Su frase “Estamos cómodos con el tipo de cambio” sugiere que el sistema opera sin urgencias ni signos de deterioro inmediato.
El régimen de bandas cambiarias diseñada por Caputo, en colaboración con el FMI, representa una piedra basal del plan de estabilización de Milei. Sin embargo, el formato en sí –con bandas divergentes– despierta cuestionamientos técnicos y riesgos de credibilidad. En ese marco, el aval incondicional de Milei, refrendado por su entorno más cercano, funciona como fortaleza comunicacional e intenta consolidar el programa económico frente a la volatilidad, las críticas y las expectativas del mercado.