Claves y proyecciones sobre el tipo de cambio tras las legislativas de octubre
El escenario económico argentino se encuentra pendiendo de un hilo: las elecciones legislativas de octubre de 2025 se proyectan no solo como un evento político decisivo, sino también como un punto de inflexión para la estabilidad cambiaria. A medida que el país atraviesa una transición con tensiones internas, la evolución del dólar se vuelve un elemento central para la hoja de ruta económica. En un contexto marcado por altas tasas de interés, presión en los mercados, riesgo político y promesas de ajuste, el futuro del tipo de cambio oficial y paralelo despierta interrogantes.
Diversos pronósticos coinciden en que el esquema de “bandas cambiarias” —un rango dentro del cual el dólar puede fluctuar— será sostenido hasta las elecciones, como estrategia clave del Gobierno para dotar de previsibilidad al mercado. Informes del mercado ven probable que el techo cambie lentamente desde finales de noviembre hasta fin de año: unos $1.508 en ese mes, llegando a cerca de $1.523 en diciembre . Sin embargo, los precios negociados en los futuros de dólar ya superan ese techo: contratos de enero y febrero de 2026 cotizan a $1.582 y $1.607, por encima de los $1.538 y $1.553 fijados como techo . Estos datos sugieren que el mercado no cree del todo en la solidez del esquema. Y si bien las autoridades aseguran que no habrá cambios, la persistente intervención del Banco Central en los contratos futuros se contempla como señal de que el Gobierno busca transmitir continuidad.
Los pronósticos de consultoras y economistas confluyen en una relativa estabilidad del dólar oficial hacia fin de año. Infobae reporta que el tipo de cambio podría rondar los $1.400 , mientras que el REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA) apunta a $1.322 para diciembre, aunque el Ejecutivo estima que terminaría en $1.229 —una diferencia relevante . El Top 10 del REM prevé una cotización promedio de $1.276 en octubre, $1.299 en noviembre y $1.322 en diciembre.
No obstante, hay analistas que lanzan señales de alerta. Orlando Ferreres advierte que la alta tasa de interés, ubicada en torno al 65%, genera desconfianza, y que muchos inversores anticipan una devaluación post-electoral: “El tipo de cambio debería ser más alto” . En el mismo sentido, Ricardo Arriazu se hace eco de la estrategia oficial: “El Gobierno va a utilizar todos los cañones si el dólar pasa los $1.320” . Desde la mirada del “gurú del blue” —un analista informal del tipo de cambio— se advierte a los ahorristas sobre el fin del régimen actual y el impacto que podría tener.
Algunos indicadores recientes anticipan un salto del dólar cinco días después de los comicios: según estimaciones, pasaría de $1.340 (alrededor del 7 de agosto) a aproximadamente $1.439,5 post‑elecciones, lo que implicaría un alza cercana al 9,9% . Esta proyección podría ser el termómetro del nerviosismo financiero, especialmente si el oficialismo no retiene control parlamentario.
El contexto es frágil y los factores de inestabilidad están a la vista. El planeta financiero local experimenta tensiones por la incertidumbre institucional. Un reciente escándalo de presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, donde estarían involucrados allegados al presidente Javier Milei, ha agitad o el escenario político y provocado reacciones adversas en los mercados . La combinación de este escándalo, la derrota legislativa reciente, las tasas extremas (54 % anual en corto plazo), la brecha cambiaria, y la expectativa sobre una nueva licitación del Tesoro por más de 3,7 billones de pesos, componen un panorama con poca cert idumbre.
En los últimos meses, los mercados han operado con menor liquidez, lo que exacerba la volatilidad. Una jornada clave del 4 de julio mostró presión al alza sobre el dólar debido al desarme de plazos fijos y al pago del medio aguinaldo; el tipo de cambio interbancario subió 0,65 %, ubicándose en $1.240 y dejando entrever que la menor liquidez financiera anticipa una mayor volatilidad conforme se acerquen las elecciones . Otros episodios anteriores también reflejan que la tensión política y el riesgo país (que rozó los 943 puntos básicos) presionan los mercados y estimulan intervenciones del Banco Central para contener al tipo de cambio.
En este contexto, el esquema actual de “bandas” está sometido a prueba. Se ha hablado de retomar un sistema similar al “crawling peg” —la paridad móvil usada en 2023 y ajustada luego —, un tipo de cambio que se ajusta gradualmente mes a mes. Argentina lo implementó en diciembre de 2023 con una devaluación mensual fija del 2 %, reducida al 1 % en febrero de 2025, para controlar la inflación sin permitir rupturas abruptas. Recuperar ese enfoque podría aportar previsibilidad, aunque también acarrea riesgos si la inflación supera esos márgenes, dificultando la competitividad externa.
Sea cual fuere el escenario, el dólar será el termómetro del pos‑elecciones. Las proyecciones actuales oscilan entre un piso de $1.300 y un techo cercano a $1.550, según el segmento y horizonte temporal. El Gobierno apuesta a una estrategia de contención rígida —bandas firmes, tasas altas, “todos los cañones”— mientras el mercado evalúa si ese orden puede sostenerse o si se avecina una reconfiguración cambiaria.
En el frente económico general, lo que está en juego es recuperar la confianza. Con una inflación que comenzó a ceder estrepitosamente (desde casi 300 % a comienzos de 2024 hacia niveles de entre el 1,5 % y 2,2 % mensual en los primeros meses de 2025) , y una desaceleración en la pobreza, el desafío radica ahora en consolidar ese horizonte con estabilidad monetaria. El acuerdo con el FMI (por 20.000 millones de dólares) —y el respaldo que trae— sigue siendo un ancla fundamental.
Mientras tanto, el mercado observa expectante. Una buena performance legislativa del oficialismo podría frenar los pronósticos más agudos y contener el dólar; una sorpresa negativa o un recrudecimiento de la crisis política, por el contrario, podría desatar una corrección brusca del tipo de cambio. Y esa corrección —según pronósticos como el de Ferreres— podría superar lo previsto si no hay señales claras de resistencia institucional o respaldo económico.
El dólar no es un dato más: es la variable que cruzará, con su pulso, el valor mismo de lo que se define en octubre. Tanto empresas, inversores, ahorristas como hogares estarán atentos al ritmo del peso en ese día siguiente que se proyecta clave, ya pregonado como determinante no solo de un resultado legislativo, sino del rumbo económico nacional.