Con materiales reciclados y trabajo familiar, convirtió una idea en un atractivo que hoy recorre la costanera.
Luis Rubén, vecino de Caleta Olivia, decidió transformar la necesidad en oportunidad. Con el objetivo de ayudar a pagar los estudios universitarios de su hijo, construyó un trencito artesanal que rápidamente se ganó el cariño de chicos y grandes.
La iniciativa nació en el seno familiar hacia fines de 2025. Con tambores plásticos, hierro reutilizado y una fuerte dosis de creatividad, en apenas dos meses lograron diseñar y montar el pequeño tren que hoy circula por la costanera local.
Lo que comenzó como un proyecto doméstico para generar ingresos adicionales se convirtió en un atractivo que despierta sonrisas y reúne a familias enteras. El trencito no solo representa una alternativa laboral, sino también una historia de esfuerzo y compromiso.
Detrás de cada vuelta que da el convoy hay horas de trabajo manual, ingenio y el deseo de acompañar el futuro académico de su hijo. La historia se volvió viral y es celebrada como un ejemplo de cómo la iniciativa y la dedicación pueden abrir caminos incluso en contextos difíciles.