En un hecho que generó un fuerte malestar, el intendente Pablo Grasso, aunque estuvo ausente en el acto, dispuso que la ministra de Gobierno de Santa Cruz, Belén Elmiger hija de veterano de Malvinas no pudiera hacer uso de la palabra durante el acto realizado en Río Gallegos.
Esto no es un hecho menor. Se trató del 2 de abril, una fecha que nos convoca como argentinos desde la memoria, el respeto y el reconocimiento a quienes defendieron la patria. Es un día que une a los argentinos.
Impedir que hable una funcionaria provincial, con un vínculo directo con la causa Malvinas, no puede interpretarse como un simple detalle de protocolo. Es una muestra de la intolerancia política de odio, que tienen algunos sectores en Santa Cruz.
Lo ocurrido dejó una señal clara y preocupante. Cuando se trata de Malvinas, no hay lugar para especulaciones ni mezquindades. Hay valores que no se discuten. No puede prevalecer el odio ante la causa más importante de nuestra nación.
Por eso, Incluso dentro del propio ámbito político local hubo cuestionamientos. La concejal Daniela D’Amico habría expresado su disconformidad y su rechazo rotundo ante una situación que generó incomodidad y repudio.
Malvinas nos une. Por eso es grave que, en una fecha tan significativa, se haya intentado silenciar una voz con historia, con legitimidad y con un vínculo profundo con esta causa.