River vivió una de sus noches más tensas en el estadio Monumental luego de caer 4-1 ante Tigre y desatar la bronca generalizada de los hinchas, que apuntaron directamente contra los jugadores con insultos, silbidos y cánticos de reproche. El resultado, sumado al bajo rendimiento colectivo y a una imagen futbolística pálida, generó un clima irrespirable en Núñez y dejó en evidencia un fuerte quiebre emocional entre el equipo y su público.
El cuarto gol del conjunto visitante fue el detonante definitivo. Desde las plateas comenzó a bajar el clásico canto de protesta contra el plantel que rápidamente se replicó en todo el estadio, acompañado por gestos de desaprobación y una lluvia de silbidos. La frustración acumulada por actuaciones irregulares durante la temporada encontró su punto máximo en una derrota que muchos calificaron como papelonera por la forma en la que se dio el partido.
La tensión no solo se manifestó de manera colectiva, sino también individual. Algunos futbolistas fueron especialmente apuntados por su rendimiento y recibieron silbatinas al momento de ser reemplazados, reflejando el malestar puntual de un sector de la hinchada que ya no encuentra respuestas dentro del campo de juego. Durante varios minutos, el clima fue de enojo absoluto, con tribunas divididas entre insultos y espectadores que comenzaron a retirarse antes del final.
Más allá del resultado deportivo, lo que quedó expuesto fue un desgaste anímico profundo entre el equipo y su gente. El contraste entre el histórico apoyo del público y la actuación del plantel marcó una noche de quiebre que podría tener consecuencias en lo futbolístico y en lo institucional. River se retiró del campo entre reprobaciones, sin consuelo y con la obligación de revertir rápidamente una imagen que preocupa tanto como el marcador.