Un informe sobre la evolución económica de las provincias entre 2004 y 2024 volvió a poner el foco en el desarrollo de Santa Cruz en las últimas décadas. Según ese análisis, la provincia registró un crecimiento del 7,2% en veinte años, ubicándose anteúltima entre todas las provincias del país, solo por encima de Catamarca.
El contraste con otras jurisdicciones es notable. En el mismo período, Neuquén creció 91,9%, Santiago del Estero 80,3% y Jujuy 66,2%, lo que muestra un dinamismo económico muy superior al de Santa Cruz.
El dato cobra mayor relevancia si se observa el contexto político de esos años. Durante gran parte de esas dos décadas, el país estuvo gobernado por dirigentes surgidos políticamente en Santa Cruz: primero con Néstor Kirchner, luego con los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, y más recientemente con su rol como vicepresidenta entre 2019 y 2023.
Durante mucho tiempo se instaló la idea de que esa centralidad política podía traducirse en un mayor desarrollo para la provincia. Sin embargo, los números muestran que ese impulso no se reflejó en el crecimiento económico local.
A pesar de contar con importantes recursos naturales —energía, minería, pesca, ganadería y turismo— Santa Cruz no logró consolidar un proceso sostenido de expansión productiva.
Especialistas señalan que, durante ese período, la economía provincial quedó fuertemente concentrada en el sector público, con escaso desarrollo del sector privado y sin una estrategia clara de diversificación productiva.
El resultado se refleja hoy en las estadísticas: mientras otras provincias avanzaron con inversiones e infraestructura, Santa Cruz permaneció prácticamente estancada durante dos décadas, reabriendo el debate sobre el modelo de desarrollo y el aprovechamiento de su potencial productivo.