En Perito Moreno generó un fuerte rechazo la propia admisión de la concejal Pesoa, militante del espacio de Pablo Grasso, quien terminó reconociendo que el conflicto social le resulta funcional para su crecimiento político.
Lo hizo en un video publicado en sus redes sociales, donde intentó dar explicaciones pero terminó confirmando lo que había dicho. Pidió disculpas sin pedirlas realmente, porque lejos de hacerse cargo volvió a justificarse en su accionar. No fue un error ni una mala interpretación. Fue una definición consciente.
Lo más grave no es solo lo que dijo, sino lo que deja en evidencia. Una forma de hacer política donde el malestar de la gente no se resuelve, se utiliza. Donde las dificultades económicas no se enfrentan con propuestas, sino que se aprovechan para sacar ventaja.
A los pocos minutos de ese mismo video volvió a la carga con su verdadero objetivo, desgastar y desestabilizar al intendente. Lo hizo intentando instalar una comparación falsa sobre los aumentos salariales, subestimando a los vecinos de Perito Moreno, que saben perfectamente que durante el primer año de gestión se otorgó más de un 220 por ciento de aumento acumulado y en el segundo más de un 60 por ciento, por encima de la media inflacionaria.
Pesoa no es nueva en este tipo de prácticas. En la localidad muchos recuerdan su paso como concejal avalando el ingreso indiscriminado de personal, la manipulación de legajos, la incorporación irregular de horas extras y la falta de defensa real de los trabajadores. Hoy vuelve a repetir el mismo esquema, generar malestar, instalar conflicto y confundir a la comunidad.
Detrás de este accionar hay un sector político alineado con Pablo Grasso que apuesta a la confrontación permanente como estrategia. Un espacio que necesita que las cosas funcionen mal para intentar crecer electoralmente.
En un momento difícil, Perito Moreno necesita dirigentes que aporten soluciones, no que se aprovechen del conflicto. Pero está claro que hay quienes eligen exactamente lo contrario.