Una contundente victoria electoral se topa con tensiones profundas entre los sectores del peronismo bonaerense.
El arrasador triunfo del peronismo en la provincia de Buenos Aires el 7 de septiembre de 2025 —con Fuerza Patria obteniendo aproximadamente el 47,2 % contra un 33,7 % de La Libertad Avanza— reafirma el músculo político del espacio en su bastión electoral más estratégico. Pero al mismo tiempo, esa victoria se vio ensombrecida por lo que ya se perfila como una nueva etapa de confrontación silenciosa, pero real, entre el gobernador Axel Kicillof y Máximo Kirchner, dirigente clave del peronismo bonaerense, con quienes ni siquiera existió un saludo ni reconocimiento mutuo tras el triunfo.
La interna quedó manifiesta: desde La Plata —búnker de Kicillof— se buscó capitalizar políticamente el triunfo sin compartir honores, mientras el PJ bonaerense, que preside Máximo, se limitó a emitir un comunicado sin mencionar al gobernador. Ese distanciamiento se consolida en un contexto donde, si bien en junio pasado hubo una reunión con Sergio Massa para encauzar la unidad del peronismo en la provincia, las tensiones siguen vigentes.
Este quiebre no es nuevo. En abril de 2025, Kicillof y Cristina Kirchner —su antigua mentora política— ya habían consolidado una fractura clara luego de que el gobernador decidiera desdoblar las elecciones provinciales, una decisión que la ex presidenta consideró perjudicial para la campaña nacional. Esa pulseada se potencia hoy en una disputa de liderazgo, entre un espacio emergente representado por Kicillof y el inicial liderazgo tradicional del kirchnerismo.
Ese desdoblamiento, decisión estratégica que adelantó las elecciones bonaerenses y le permitió a Kicillof convertir el resultado en un laboratorio político para medir fuerzas y sembrar su propio liderazgo, reafirmó su espacio frente al kirchnerismo duro. Su creación del Movimiento Derecho al Futuro, presentado a comienzos de 2025 con el objetivo de renovar el peronismo, también es parte de ese proyecto personal de liderazgo.
En medio de ese escenario interno, el gobernador enfrentó además un episodio de ataque digital: durante la campaña, desde el oficialismo nacional se viralizó un video descontextualizado que sugería que Kicillof admitía no tener propuestas claras frente a la avanzada de La Libertad Avanza. Kicillof desmintió haber dicho eso, explicó que sus palabras habían sido tergiversadas y denunció una campaña “roñosa” de mentiras digitales.
La oposición, por su parte, con Javier Milei como eje discursivo, lanzó mensajes duros desde el inicio: en agosto, en un acto en La Plata, el presidente llamó a “sacarlos a patadas” y lanzó el eslogan “Kirchnerismo nunca más”, acusando a Kicillof de “despilfarrar fondos públicos” y presentándolo como responsable del deterioro de la provincia. Ese tono fue acompañado de duros epítetos que intensificaron la polarización.
El contexto social y económico no fue ajeno a esta tensión política. La intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, imputó el triunfo peronista al rechazo social al ajuste, a la corrupción —particularmente con el escándalo en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) que involucra a la hermana del Presidente— y al malestar general por represión y recortes. En el plano económico, tras la elección el dólar estuvo bajo presión, y varios analistas alertaron sobre la fragilidad del Gobierno nacional para sostener el tipo de cambio, lo que puede complicar aún más el escenario.
Mientras tanto, desde el Gobierno nacional se buscó un acercamiento institucional mínimo: el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, fue el único en felicitar formalmente a Kicillof —sin que Javier Milei transmitiera ningún contacto personal— y el gobernador respondió formalmente, aunque sin que trascendiera convocatoria a diálogo político.
Dato clave: esta elección bonaerense, con su contenido simbólico y territorial, concentra cerca del 40% del padrón electoral del país, lo que la convierte en un termómetro crucial de cara a las legislativas nacionales de octubre. Allí, Kicillof aparece fortalecido como referente con visión presidencialista, mientras el peronismo atraviesa su encrucijada de unidad y liderazgo.