La vicepresidenta profundiza su estrategia territorial con recorridas semanales por el país, teje acuerdos con gobernadores, intendentes y senadores, y marca un creciente distanciamiento con el presidente Javier Milei. En el oficialismo ya advierten una disputa de liderazgo que, según distintas lecturas, termina siendo funcional al kirchnerismo.
La vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, avanza en la construcción de un espacio político propio en medio de una creciente tensión interna dentro del oficialismo, en un escenario que comienza a mostrar señales de reconfiguración de poder de cara al próximo turno electoral.
Lejos de alinearse de manera plena con el rumbo del presidente Javier Milei, la titular del Senado viene desplegando una estrategia silenciosa pero sostenida, basada en una fuerte presencia territorial y en la consolidación de vínculos políticos en distintos puntos del país. Su hoja de ruta es clara: recorrer, escuchar, mostrarse y construir.
En ese marco, Villarruel adoptó una dinámica que no pasa desapercibida en la política nacional: una provincia por semana. En las últimas semanas ya visitó Misiones, Jujuy, Salta, Catamarca y Santa Fe, donde mantuvo encuentros con gobernadores, intendentes, legisladores y actores sociales y productivos. A esa agenda se suman nuevas escalas previstas en San Juan, Chubut, Neuquén y Santa Cruz, consolidando una presencia territorial que, en los hechos, se asemeja a la de una dirigente en campaña.
Detrás de esas recorridas, según coinciden distintas fuentes políticas, se desarrolla un entramado de conversaciones que excede lo institucional. La vicepresidenta estaría avanzando en acuerdos con sectores del Senado, jefes comunales y mandatarios provinciales, incluso por fuera del esquema oficialista, con el objetivo de estructurar una base política propia que le permita ganar volumen y autonomía.
La eventual llegada de Villarruel a Santa Cruz, con especial foco en la zona norte de la provincia, se inscribe dentro de ese esquema de expansión territorial. Si bien no hay confirmación oficial sobre fechas ni actividades, en ámbitos políticos ya se interpreta como parte de una estrategia más amplia orientada a posicionarse en distritos clave y fortalecer alianzas en el interior del país.
En paralelo, su rol institucional también marca diferencias. Desde su accionar en el Senado hasta sus definiciones públicas, Villarruel ha tomado distancia en temas sensibles, evidenciando una autonomía que generó incomodidad en el entorno presidencial. La relación con la Casa Rosada atraviesa uno de sus momentos más fríos, y la vicepresidenta quedó al margen de la mesa chica donde se toman las principales decisiones del Gobierno.
Ese distanciamiento, lejos de debilitarla, parece haber acelerado su estrategia. En el oficialismo ya no ocultan el malestar, mientras que en distintos sectores de la política nacional comienza a instalarse una interpretación cada vez más consistente: Villarruel no solo busca consolidar poder propio, sino que empieza a proyectarse como una figura con aspiraciones presidenciales.
El trasfondo de esa construcción abre un interrogante de alto voltaje político: la posibilidad de una disputa interna dentro del mismo espacio que hoy gobierna la Argentina. Un escenario en el que la vicepresidenta podría posicionarse como alternativa y desafiar el liderazgo de Milei en el futuro electoral.
Por ahora, no hay definiciones públicas ni anuncios formales. Pero en la dinámica política, los movimientos anticipan las decisiones. Y en ese tablero, la vicepresidenta ya dejó de ser una figura secundaria para convertirse en una protagonista que construye poder propio, recorre el país y deja señales cada vez más claras de que su proyecto va más allá del rol institucional que hoy ocupa.