Lo que durante meses intentaron vender como una supuesta defensa de la institucionalidad terminó convertido en uno de los papelones políticos y judiciales más grandes de los últimos tiempos en Santa Cruz.
Franco Mascheroni, convertido hace años en uno de los operadores más visibles del kirchnerismo atrincherado dentro del gremio judicial, terminó chocando de frente contra la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que dejó sin efecto el fallo del TSJ santacruceño y rechazó el planteo impulsado por Judiciales.
El golpe fue demoledor. El máximo tribunal del país dejó en evidencia que el gremio jamás pudo demostrar un perjuicio concreto para los trabajadores judiciales y desarmó por completo el relato político que intentaron sostener para frenar la ampliación del Tribunal Superior.
Lo que quedó expuesto fue otra cosa: la utilización del gremio como herramienta política para defender uno de los últimos espacios de poder que el kirchnerismo conserva dentro de la estructura judicial de Santa Cruz.
Durante meses hablaron de institucionalidad, independencia y defensa de derechos, pero la Corte terminó dejando claro que detrás del planteo había más operación política que argumentos jurídicos.
El resultado fue un mamarracho judicial que terminó explotándoles en la cara.
Y después de semejante papelón, del ridículo no se vuelve.